I.
INTRODUCCIÓN
La violencia estudiantil es un fenómeno
complejo que afecta a los estudiantes en diversas dimensiones, impactando
negativamente su bienestar psicológico y desarrollo integral. Este problema
abarca agresiones físicas, verbales, acoso escolar, exclusión social e
intimidación, creando un entorno hostil que perjudica a los estudiantes. De
acuerdo con Vásquez & Miranda (2022), la violencia escolar se define como
conductas agresivas que buscan causar daño físico, emocional o social. Este
comportamiento incluye bullying, peleas, robo y daño a la propiedad, con
repercusiones no solo en víctimas y agresores, sino en toda la comunidad
educativa. Según Zúniga & Martínez (2024), el bienestar psicológico de un
individuo está relacionado con su situación emocional y cognitiva.
Esta investigación se alinea con el Objetivo
de Desarrollo Sostenible 3, que busca promover la vida sana y el bienestar para
todos, especialmente a través de la meta 3.4 centrada en mejorar la salud
mental y reducir los efectos negativos de factores estresantes (Organización de
las Naciones Unidas [ONU], 2020). De esta manera, a nivel internacional, el
estudio de Vázquez-Colunga et al. (2020) en México reveló que el 44.1% de los
adolescentes encuestados participaron en al menos una pelea durante el año
escolar, destacando la variabilidad de la violencia escolar según género, grado
escolar y rendimiento académico. Estos descubrimientos resaltan la urgencia de
abordar de manera integral la violencia escolar, considerando su impacto en los
estudiantes y el entorno educativo, con diferencias significativas en las
conductas violentas según el género, especialmente en la participación en actos
violentos como el porte y amenaza con armas.
El estudio de Çatak et al. (2021) reveló que, en
Yemen, los niveles de violencia escolar difieren según la región geográfica y
el tipo de violencia. Se encontró que el 50% de los estudiantes de séptimo a
noveno grado han sido víctimas de abuso físico en la escuela. En Líbano, el
76.4% de los adolescentes de 10 a 18 años han sufrido agresión física y el
81.2% violencia verbal/emocional al menos una vez. En los Estados Unidos, el 6%
de los estudiantes han sido amenazados o heridos con un arma en la escuela, y
el 55.7% han presenciado casos de violencia en la escuela o entorno, mientras
que el 29.2% han sido directamente expuestos a violencia en la escuela en el
último año. Estas estadísticas resaltan la urgencia de abordar la violencia
escolar a nivel global, requiriendo un compromiso colectivo para su
erradicación. Por lo tanto, es fundamental que todos los actores involucrados
trabajen juntos para crear entornos educativos seguros y saludables, donde cada
estudiante pueda aprender y crecer sin temor.
A nivel nacional, la escuela no proporciona un
entorno seguro para los estudiantes, quienes se enfrentan diariamente a
diversos riesgos como agresiones sexuales, disciplina violenta, presiones para
integrarse en grupos sociales y conflictos. Según la Defensoría del Pueblo (2023),
se han registrado 72,556 casos de acoso escolar en el país desde el 15 de
septiembre de 2013 hasta el 31 de diciembre de 2023, siendo los niveles de
educación secundaria y primaria los más afectados. En Lima Metropolitana se
documentaron 29,032 casos, mientras que en la región de Puno se reportaron
1,192 casos de acoso escolar (MINEDU, 2023). Vásquez & Miranda (2022)
mencionan la escasez de investigaciones sobre este fenómeno en Perú. Además, la escasez de investigaciones en Perú sobre
este fenómeno subraya la necesidad urgente de priorizar estudios y acciones que
promuevan un entorno escolar seguro y propicio para el aprendizaje.
En concordancia a estos descubrimientos, el
informe de Siseve (2023) destaca un aumento en el número de denuncias de
violencia por parte de 55,248 estudiantes, abarcando violencia física (26,454
denuncias), psicológica (19,360 denuncias) y sexual (9,434 denuncias). Arhuis
et al. (2020), en su investigación, encontraron que en la región Selva de Perú,
las mujeres en instituciones públicas reportaron una alta incidencia de
violencia sexual, principalmente por parte de maestros (67.8%) en contraste con
compañeros de clase (32.2%), asimismo, se observaron diferentes niveles de
violencia psicológica/verbal en 2018 en Piura y Tacna, con tasas de 95.79 y
25.31 por cada 100,000 habitantes respectivamente. No obstante, este fenómeno
no solo refleja la urgencia de implementar políticas de protección más
robustas, sino que también resalta la necesidad de fomentar una cultura de
respeto y seguridad, donde tanto estudiantes como educadores sean responsables
de crear un ambiente libre de violencia.
De la misma manera, según el informe de Síseve
del Ministerio de Educación en 2022, Lima Metropolitana registró 786 casos de
violencia escolar, con Arequipa, Piura y Callao también entre las regiones más
afectadas. El INEI reveló que el 66% de los niños de 9 a 11 años y el 68.5% de
los adolescentes de 12 a 17 años han experimentado violencia en el entorno
escolar. La pandemia ha exacerbado esta crisis, afectando la salud mental de
los estudiantes y destacando la necesidad de contar con psicólogos en las
escuelas. A pesar de la existencia de la Ley N° 29719 para fomentar la
convivencia pacífica, su implementación es deficiente, con más del 40% de las
instituciones educativas sin medidas efectivas contra el bullying (Lozano,
2022). Ante esto, es imperativo que se implementen medidas efectivas y se
priorice la salud mental de los jóvenes, creando un entorno educativo seguro y
empático.
Es así que, a nivel local la plataforma SISEVE
(2024) en su estudio estadístico de casos de violencia escolar en la región de
San Martín entre septiembre de 2013 y junio de 2024, revela una alta
prevalencia de incidentes en el nivel secundario. Se documentan diversos tipos
de violencia como psicológica, física y sexual, incluyendo trato humillante,
ciberacoso, agresiones con y sin lesiones, y violación sexual. La mayoría de
los reportes, tanto de conflictos entre estudiantes como del personal escolar,
están en proceso de atención, indicando una carga elevada en la gestión de estos
casos. La persistencia de violencia psicológica y física resalta la necesidad
de intervenciones urgentes en áreas críticas. Estos datos reflejan una realidad
preocupante en las instituciones educativas, subrayando la importancia de
políticas de prevención y apoyo más efectivas para proteger a los estudiantes y
garantizar un entorno seguro para su desarrollo.
En
cuanto a la justificación del estudio se considera la
justificación conveniencia, ya que el estudio será de gran utilidad para
los educadores, psicólogos y la parte directiva de la institución educativa,
quienes podrán emplear los hallazgos para diseñar e implementar estrategias y
programas específicos que aborden la violencia escolar y mejoren el bienestar
psicológico de los estudiantes, respecto a la relevancia social, considerando a los principales beneficiaros los
adolescentes, pues el estudio proporcionará una comprensión más profunda de
cómo la violencia impacta su bienestar psicológico, al mejorar la calidad de
vida de estos jóvenes se contribuirá a un desarrollo personal y académico más
saludable.
Correspondiente
al valor teórico, el
estudio contribuirá al conocimiento teórico, proporcionando nuevas evidencias
sobre las formas en que la violencia escolar afecta a los adolescentes.
Referente
a la implicancia
práctica, los
hallazgos deberían llevar a una modificación en el accionar dentro de la
institución educativa, incluyendo la implementación de políticas de prevención
de la violencia, programas de apoyo psicológico y estrategias para crear un
ambiente escolar más inclusivo y seguro y la utilidad metodológica,
en la investigación se
empleará la técnica de la encuesta y los instrumentos serán dos cuestionarios
en concordancia con las variables analizadas, además los hallazgos podrán ser
base para otras investigaciones similares.
En concordancia con los antecedentes
de investigación se considera el estudio de
En su
estudio,
También,
Ortega y Mora-Merchán (2023) realizaron un estudio
donde utilizaron la correlación de Spearman para analizar la relación entre la
violencia escolar y el bienestar psicológico en adolescentes, encontraron una
correlación negativa significativa (ρ = -0.48, p < 0.01), indicando que, a
mayor violencia escolar, menor bienestar psicológico en los estudiantes. En ese
sentido, Hinduja y Patchin (2022) exploraron esta relación en el contexto del
ciberacoso, encontrando una correlación de Spearman de ρ = -0.52 (p <
0.001), lo que sugiere que los adolescentes víctimas de acoso en línea
experimentan una disminución considerable en su bienestar emocional, con
síntomas de ansiedad y depresión; finalmente, Garaigordobil y
Martínez-Valderrey (2021) replicaron estos hallazgos en un estudio español,
reportando una correlación de ρ = -0.45 (p < 0.01) entre violencia escolar y
bienestar psicológico, concluyendo que la exposición a la violencia escolar es
un predictor fuerte y negativo del bienestar emocional en adolescentes,
afectando su salud mental y su desarrollo integral.
En referencia a la
definición conceptual sobre la variable violencia escolar,
En cuanto a las teorías
relacionadas a la variable violencia escolar, se menciona a
Como cuarta dimensión, violencia física indirecta por parte del
alumnado, Incluye actos como dañar pertenencias de otros estudiantes o sabotear
su trabajo escolar de manera intencional, afectando indirectamente su bienestar
y contribuyendo a un ambiente hostil; como quinta dimensión, exclusión social,
se refiere al aislamiento intencionado de un estudiante por parte de sus
compañeros, mediante la exclusión de actividades grupales o la ignorancia
deliberada, afectando gravemente su integración y sentido de pertenencia en la
escuela; como sexta dimensión violencia a través de las tecnologías de la
información y de la comunicación, incluye el uso de redes sociales, mensajes de
texto o correo electrónico para acosar, difundir rumores, o humillar a otros
estudiantes, ampliando el alcance del bullying más allá del entorno físico
escolar
Por ende, como séptima dimensión, disrupción en el aula, consiste en
comportamientos intencionados por parte del alumnado que interrumpen el proceso
de enseñanza, como hablar fuera de turno, no seguir instrucciones o crear
desorden, dificultando el aprendizaje y afectando el ambiente educativo; como
octava dimensión violencia del profesorado hacia el alumnado, se refiere a
actos de agresión verbal o física, humillaciones, o castigos desproporcionados
que los docentes infligen a los estudiantes, abusando de su posición de
autoridad y causando daño emocional o físico
La
violencia escolar es un fenómeno complejo que tiene múltiples causas,
impactando tanto a los estudiantes como al entorno educativo en general, entre
las causas principales, se encuentra el entorno familiar disfuncional, donde la
falta de atención, afecto y comunicación puede generar en los niños y
adolescentes comportamientos agresivos como forma de expresar su frustración y
enojo, a esto se suma el ambiente escolar, en el que factores como la ausente
supervisión por los docentes, la ausencia de políticas claras contra el
bullying, y la presión social entre compañeros juegan un rol significativo en
la perpetuación de la violencia, además, la repercusión de los medios
comunicativos y la disponibilidad a contenido violento a través de internet y
videojuegos pueden normalizar la agresión, incitando a los jóvenes a replicar
esas conductas.
Las
consecuencias de la violencia escolar son graves y variadas, en el corto plazo,
las víctimas pueden sufrir desde problemas emocionales como ansiedad, depresión
y baja autoestima, hasta daños físicos e incluso el aislamiento social, en el
largo plazo, estos efectos pueden extenderse a la vida adulta, manifestándose
en dificultades para establecer relaciones interpersonales saludables,
problemas académicos y una mayor propensión a involucrarse en conductas
delictivas, además, el ambiente escolar también se ve afectado negativamente,
pues la violencia crea un clima de inseguridad y miedo que impacta en el
aprovechamiento académico y la excelencia de las relaciones entre estudiantes y
profesores, es un problema que no solo afecta a quienes la sufren directamente,
sino que tiene repercusiones amplias en toda la comunidad educativa, es
imperativo que se aborden sus causas de manera integral y se implementen
medidas efectivas para prevenir y mitigar sus consecuencias, fomentando un entorno
escolar seguro y saludable para todos los alumnos
En cuanto a las teorías
relacionadas a la variable bienestar psicológico, considerando a
En cuanto a la definición
conceptual de la variable bienestar psicológico, el cual es un estado de
equilibrio emocional y mental donde una persona experimenta satisfacción,
propósito, relaciones positivas, crecimiento personal y manejo efectivo del
entorno, contribuyendo a una vida plena y significativa
La
cuarta dimensión dominio del entorno, se refiere a la capacidad de gestionar
eficazmente la vida cotidiana y el entorno, aprovechando las oportunidades y
superando los desafíos. La quinta dimensión propósito en la vida, la cual
involucra tener metas y objetivos claros que dan sentido y dirección a la vida.
Finalmente, la sexta dimensión crecimiento personal, se refiere al proceso
continuo de desarrollo y realización del potencial personal
El bienestar
psicológico en adolescentes se ve influido por diversas causas, entre ellas, la
calidad de las relaciones interpersonales, el apoyo familiar y social, y el
entorno educativo, un ambiente familiar positivo, caracterizado por la
comunicación abierta y el afecto, promueve un desarrollo emocional saludable,
por otro lado, un entorno escolar seguro y de apoyo contribuye
significativamente al bienestar psicológico, mientras que experiencias de
violencia o acoso pueden deteriorarlo gravemente. Las consecuencias de un bajo
bienestar psicológico incluyen el desarrollo de trastornos como la depresión y
la ansiedad, una disminución en la autoestima, y dificultades en el rendimiento
académico y en las relaciones sociales, el bienestar psicológico es un
indicador clave del desarrollo integral en adolescentes, donde promover
entornos positivos y de apoyo es crucial para prevenir las consecuencias
negativas, asegurando que los jóvenes puedan alcanzar su máximo potencial en
todas las áreas de sus vidas
